Pocos rincones han captado tanto la atención como aquellos donde se ubicaron las siete maravillas del mundo antiguo. Estos son Babilonia, El Cairo, Olimpia, Rodas, Halicarnaso, Éfeso y Alejandría. ¿Te gustaría conocer sus tesoros?

Desde que el mundo es mundo los hombres han experimentado una fascinación especial por las figuras y mitos del pasado. Sin ir más lejos, el célebre Julio César se inspiraba en el talento militar de Alejandro Magno para obtener sus victorias, y este, a su vez, era un devoto confeso de Aquiles, el mítico protagonista de La Ilíada, cuyo rastro aún persiguen algunos entre las ajadas ruinas de Troya.

Jacopo da Varazze nos refiere que Santa Elena fue la primera arqueóloga de la historia —su Leyenda Áurea narra el viaje de la madre de Constantino hasta Jerusalén y su posterior búsqueda de los Santos Lugares— y el siglo XIX confirmó, con su fervor historicista, que a pocos metros bajo el suelo se ocultaban tesoros inimaginables y deseosos de salir a la luz. Esto dio pie a innumerables expediciones a lo largo y ancho del planeta, como las de Émil Botta, quien diera cuenta del primer palacio asirio, o la de Lloyd Stephens, el «segundo descubridor de la América antigua», como lo definió C.W. Ceram en su imprescindible Dioses, tumbas y sabios. Luego vendría la búsqueda de Tartessos a cargo de Adolf Schulten, el descubrimiento de la tumba de Tutankamón por Howard Carter y otros episodios más o menos afortunados que llenaron las páginas de los diarios internacionales durante meses (e incluso años).

Sin embargo, pocos rincones han captado la atención de expertos y neófitos como aquellos en los que se ubicaron las siete maravillas del mundo. Esto es Babilonia, El Cairo, Olimpia, Rodas, Halicarnaso, Éfeso y Alejandría.

LA GRAN PIRÁMIDE DE GIZAH

Es la única de las siete maravillas del mundo antiguo que permanece en pie. Medía aproximadamente 146 metros de altura y 230 metros de lado y para su construcción se emplearon 2.300.000 bloques de piedra de 2,5 toneladas en promedio. La Gran Pirámide ocupa una extensión de 5,3 hectáreas de terreno perfectamente nivelado, y sus caras se encuentran orientadas a los puntos cardinales con un margen de error de una décima de grado. Fue el edificio más alto de la Tierra durante 3800 años.

Aunque ha sido datada entre el 2613 y el 2498 a.C., algunos investigadores sugieren que es mucho más antigua. Heródoto, quien la contempló en el 450 a.C. afirmó que «su tiempo de construcción fue de veinte años». La mayoría de expertos atribuyen su diseño al arquitecto Hemiunu, chaty o visir de Jufu (Keops), faraón de la cuarta dinastía. En 2013 se descubrieron un puerto y un depósito de naves, el cual contenía numerosos papiros contemporáneos a la construcción de la pirámide.

El fastuoso monumento se compone de tres cámaras principales, dos situadas en el interior de la pirámide, actualmente denominadas cámara del rey y cámara de la reina, y una en el subsuelo, la cámara subterránea.

LOS JARDINES COLGANTES DE BABILONIA

La tradición cuenta que estos maravillosos jardines se alzaban a orillas del Éufrates, en Babilonia ― Babel en la Biblia hebrea―, siendo construidos a mediados del siglo VI a.C., cuando Nabucodonosor II gobernaba a los caldeos. Según la leyenda, el rey los construyó para satisfacer a su esposa Amytis, princesa meda que se había criado en montes y colinas exuberantes de vegetación, y a la que las secas llanuras de Babilonia entristecían. Para su realización, Nabucodonosor ordenó traer grandes piedras y edificar una serie de terrazas escalonadas, en las cuales se depositaría la tierra necesaria para plantar árboles, flores y arbustos.

Estrabón, geógrafo griego del siglo I a.C. describió los jardines como «terrazas abovedadas alzadas unas sobre otras, que descansan sobre pilares cúbicos. Éstas son ahuecadas y rellenas con tierra para permitir la plantación de árboles de gran tamaño». Excavaciones arqueológicas recientes en la ciudad de Babilonia, descubrieron el lugar donde se encontraba asentado el palacio junto al cual, de acuerdo con algunas crónicas, se encontrarían los jardines.

EL TEMPLO DE ARTEMISA EN ÉFESO

Esta ciudad de Asia Menor fue un sitio de culto antes de que se establecieran los jonios, por lo que, una vez asimilada la cultura griega, la antigua Cibeles dio paso a Artemisa, hija de Zeus y diosa del parto, la naturaleza y las cosechas. Por la arqueología conocemos la existencia de pequeños templos en el lugar que precedieron al gran edificio construido en el siglo VI a.C. Según la leyenda, las Amazonas se detuvieron allí para orar a Artemisa, y levantaron una estatua en su honor antes de atacar Atenas.

Plinio el Viejo (siglo I), escribió que la construcción de este monumental templo duró 120 años y fue dirigida por varios arquitectos. Este era de mármol y contaba con 127 columnas de 18 metros de altura, siendo las medidas totales 115 metros de largo por 55 de ancho. El 21 de julio del 356 a.C., fecha que coincide con el nacimiento de Alejandro Magno, un incendio destruyó totalmente el edificio. Este habría sido provocado por un pastor llamado Eróstrato, quien, según los relatos, estaba loco.

Un relato de Valerio Máximo dice: «Se descubrió que un hombre había planeado incendiar el templo de Diana —nombre romano de Artemisa— en Éfeso, de tal modo que por la destrucción del más bello de los edificios, su nombre sería conocido en el mundo entero».

EL TEMPLO DE ZEUS EN OLIMPIA

Un santuario ofrecido a Zeus en el noroeste del Peloponeso, fue erigido por los antiguos griegos como sede de los Juegos Olímpicos; evento deportivo que se realizaba cada 4 años con participantes venidos desde el Mediterráneo y Oriente Medio. Los primitivos templos fueron probablemente construidos en el siglo VII a.C. y aunque las fuentes difieren en la datación del dedicado a Zeus, se puede estimar que este fue levantado entre los años 470 y 450 a.C.

El templo de Zeus fue construido con la única finalidad de albergar su estatua. Esta fue realizada por el más famoso de los escultores de la Antigua Grecia, Fidias, y medía 12 metros. Fidias debió su fama al tratamiento del volumen y expresión de las formas humanas.

Según Pausanias, Zeus aparecía sentado en un trono con el torso desnudo y el manto en torno a las piernas, llevaba la cabeza coronada de olivo y la mirada, dirigida hacia abajo le confería aspecto paternal. En la mano derecha sostenía una Niké o escultura alada, y en la izquierda un cetro con un águila; el manto estaba adornado de lirios y las sandalias eran de oro. Las únicas reproducciones conocidas aparecen en las medallas conmemorativas acuñadas en época de Adriano.

EL MAUSOLEO DE HALICARNASO

A la muerte de Mausolo, gobernador del imperio aqueménida entre el 377 y 353 a.C., su esposa Artemisa asumió el gobierno de la provincia de Caria y mandó construir una tumba monumental que dará nombre a los «mausoleos» que se construirán en el futuro. Los responsables fueron Sátiros y Piteos, quienes edificaron una base de ladrillos de 33 por 39 metros revestida con placas de mármol, sobre la que asentaron 117 columnas de estilo jónico en doble hilera, la cual sostenía un techo en forma de pirámide escalonada.

En la ornamentación de la tumba trabajaron los mejores escultores del mundo griego de la época, confeccionando, además de los relieves, más de 400 estatuas para ser incluidas en la edificación. Uno de los temas recurrentes de la decoración fueron las Amazonas. En la cúspide del techo piramidal, se colocó la estatua de una cuádriga (carro de combate tirado por cuatro caballos), de la que sobreviven en museos algunos équidos. La edificación completa llegó a alcanzar los 50 metros de altura, finalizándose en el 350 a.C.

Desgraciadamente el mausoleo sólo estuvo 16 años en pie, pues en su campaña contra los persas, Alejandro Magno arrasó la ciudad, tal vez como castigo por la traición de Mausolo a las ciudades griegas. Hoy sabemos de este fastuoso sepulcro por Plinio el Viejo.

 EL FARO DE ALEJANDRÍA

La construcción de una torre en la isla de Pharos, frente a la ciudad de Alejandría (Egipto), para servir como punto de referencia del puerto y luego como faro comenzó en el siglo III a.C., bajo el reinado de Ptolomeo I, y concluyó durante el gobierno de su hijo, Ptolomeo II. Con una altura estimada de 117 metros, fue una de las estructuras hechas por el hombre más alta en siglos, y los investigadores creen que su base tenía forma de cubo, mientras que la parte media era octogonal, y la más alta cónica.

Fue diseñado por el arquitecto Sóstrato de Cnido, y en su construcción se utilizaron grandes bloques de vidrio que fueron situados en los cimientos para evitar la erosión y aumentar la resistencia contra la fuerza del mar. En la parte más alta un gran espejo metálico reflejaba la luz del sol durante el día, y por la noche proyectaba la luminosidad de una gran hoguera a una distancia de hasta cincuenta kilómetros.

Sobre el año 700 de nuestra era se derrumbó su parte alta, y acabó derruido por completo a comienzos del siglo XIV a causa de un fuerte terremotos, según los indicios. Pharos dio origen a la palabra «faro» en la mayor parte de lenguas romances.

EL COLOSO DE RODAS

La última de las maravillas del mundo antiguo fue construida en el 277 a.C. en la más importante de las islas Espóradas del mar Egeo: Rodas. Un lugar privilegiado para comerciar con Grecia, el Asia Menor e incluso Egipto.

El coloso fue una gigantesca estatua dedicada al dios griego del sol, Helios realizada por el escultor Cares de Lindos, con un tamaño de 32 metros de altura y un peso de 70 toneladas. El material usado para su construcción fue el hierro, siendo forrada con placas de bronce. De ella dijo Plinio el Viejo: «Pocos pueden abarcar el pulgar con los brazos, sus dedos eran más grandes que la mayoría de las estatuas que tenían marfil. El vacío de sus miembros rotos se asemeja a grandes cavernas». Filón de Bizancio añade que su base era de mármol blanco. Durante años se pensó que el coloso había sido erigido con una pierna apoyada en cada parte del muelle de Rodas, como muestran algunas imágenes. Sin embargo, hoy se descarta esa teoría por razones de peso. Fue destruida por un terremoto en el año 223 a.C.

En el año 2008 se encargó al artista alemán Gert Hof la reconstrucción de la obra mediante una «escultura luminosa» de acero. En 2015 el proyecto se replanteó como un monumento de 150 metros que a su vez sea un museo arqueológico.

 

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